The house of the rising sun
Tu tuntun tin tun tun, Tu tuntun tin tun tun, o mother tell your children, que es tarde y que la noche es entera, el alma de Papa Doc, es demasiado fuerte y peligrosa para que los niños estén jugando en la calle.
Dicen que era un buen hombre, pero no tenia mas remedio, su vida lo obligo. Cuando hay hambre de pena no es suficiente con morir, las cosas se dan hasta que te despiertas y te encuentras en un cuento de hadas, o de brujas…no se. El tampoco supo y por eso anda por las calles, atormentando a los niños pequeños.
Dicen que era un buen hombre, pero que más da, tenia que hacerlo. Su mujer, negra como los ojos del azabache, era la dueña del burdel más famoso de la ciudad, un antro sórdido pero seguro, como lo son todas aquellas cosas que no son correctas…Las noches no eran cortas en aquel sitio, las leyendas del antes del alba y del después de salir el sol eran famosas, fueron famosas y lo seguirán siendo por la eternidad.
Eterna es ahora la noche, desde aquella otra, cuando que la luna tuvo miedo y por eso no quiso salir mas al encuentro con las estrellas, y se escondió atrás del hermano sol, atrás del horizonte, donde nunca jamás pudieran encontrarla. Todo fue culpa de ellos, el, ella, negra como el azabache, ellos, que no obedecieron y que deambulan ahora por las calles tomando las almas de los pequeños niños para alimentar su burdel fúnebre.
Aquel día las cosas no fueron simples, el error fue funesto y el arrepentimiento nulo. El sol caía y la luna se atisbaba en el horizonte, cuando salieron en busca de la sabiduría propia de la lujuria. Papa Doc, un hombre que nunca fue de fiar, aunque dicen que fue bueno, decidió adelantarse para evitar tener que ver la cara de su mujer, no quería hacerlo, su maldad le era insoportable; Miraron al horizonte y la noche de nuevo ya llegaba, aligeraron el paso y llegaron.
Era un burdel, y el era un hombre y ella una mujer, así que abrieron infinitamente sus fauces de león y se devoraron todo, todo, todo, todo….vísceras, todo, sangre, todo, dolor, todo, pena, lujuria, silencio…se devoraron todo el silencio de la noche... La sangre era un hecho común en aquellos días, pero esto era un atrevimiento….Si la dignidad era algo raro en aquella ciudad, el atrevimiento no lo era, les costaría caro, pues ni siquiera la muerte tenia el derecho de arrestarse tanto dolor sin antes sufrir las consecuencias. El burdel, ahora un ataúd, habría de cobrar caro por sus daños, habría de tomar todo su odio, toda su venganza y los lanzaría a lo más lejos de la cercanía, a lo más cerca de las calles inertes e insolubles.
No han de morir, no hay descanso eterno, de fiar no son ellos en el paraíso, ni mucho menos en el infierno…solo aquella ciudad los acoge…las madres lloran por sus hijos, por los muertos, los inocentes, los culpable, los devorados. Las madres lloran, ellos caminan por el azabache, por el color del universo y se transmutan en almas de infantiles, de puros y caminan, y caminaron y caminaran.