(I)
Hay un poeta
que es conejo,
y por el bosque
va dando pequeños saltos.
Hay un arroyo
que brilla prístino
y recuerda el pasado.
Silencioso como la mariposa
anda el poeta sonriente,
los pinos le maravillan
y el arrullo del agua
le habla al oído
Para él todo es cercano,
pertenece a la vida,
hoy es joven roedor,
mañana, arcano conífero.
¡Ay! De su canto
que es mimético,
se hace susurro
es musgo y corteza.
Hombre diente de león
eres el niño etéreo
entre el rosedal perfumado.
(II)
El poeta se desangra por la pluma
sus manos áridas,
amigas del viejo artesano
se vuelven verso y canto.
El es rayo,
toma el fuego
y con el yunque diamantino
hace de su voz mil espadas.
Cuanta tormenta entre sus ojos
El poeta tiene el huracán y el relámpago
hundidos en su pecho.