Sunday, November 18, 2007

Otra canción desesperada

Soy un gran arquitecto
omnipotente hacedor de mentiras;
mitómano y estúpido.
Un ladrón de versos
y sentimientos que no existen
como dragones y sirenas.

Soy para ti,
a través de mis fantasías,
de besos imaginarios
y sonrisas lastimeras.
Desquiciado e inútil
como una montaña inquieta.
Traigo esta locura
que es mi lastre quejumbroso.

Tengo tantas canciones de amor,
estoy repleto de momentos adecuados
y palabras
cuidadosamente seleccionadas.

Tú eres mi obra maestra,
una metáfora invalida
de realidad inexistente.
Eres mi orgullo tras el auricular,
el silencio amargo
que despoja mis tristezas.
Te dibujas en mis noches
como un holograma
y apareces para llevarme contigo.

Eres la promesa que no se cumple
y me desprecia irresoluta;
mi poema inconcluso
mi utopía inalcanzable.

Amanecía

Cuando ya no pueda caminar
y descanse impávido en mi vejez.
Cuando tenga las manos oxidadas,
erosionadas por el viento de los años.
Voy a acordarme de estas madrugadas,
de todas la palabras que se dijeron
y se quedaron indelebles en mi memoria.
Volverán todos los sueños sin almohada,
aquellas graciosas aventuras ingenuas
que prometimos hacer en el desvelo de la noche.


Cuando ya no me quede sino tu imagen
prometo acordarme de tus palabras,
que son eternas e irrepetibles.
Y prometo y me comprometo
a reírme contigo como compañía,
para celebrar nuestra existencia,
que es baldía
pero que se ocupa alegremente
de tu sabiduría amable.