Es esta puta soledad
que me sabe a tu desprecio,
a las sonrisas tras tus labios
dando vueltas en tu boca,
como jugando a las escondidas con tu lengua,
la que implora por mi desgracia.
Y es esta melancolía
la que traigo inscrita en mis huesos
como el calcio en mi osamenta,
la que se aferra orgullosa a mi desdicha
y te retiene
como una sórdida memoria de la alegría.